Que nos intervengan, pero que no lo llamen rescate

Que se casen, pero que no lo llamen “matrimonio”, clamaba Rajoy. Que intervengan a España, pero que nadie diga que la han rescatado, dirá ahora. You say tomato, I say bail out Pues bien: aquí les propongo pensar la intervención de España, el rescate al país, en clave de capitulación (del gobierno), de humillación (al […]

Que se casen, pero que no lo llamen “matrimonio”, clamaba Rajoy. Que intervengan a España, pero que nadie diga que la han rescatado, dirá ahora. You say tomato, I say bail out Pues bien: aquí les propongo pensar la intervención de España, el rescate al país, en clave de capitulación (del gobierno), de humillación (al país) y de purificación o cathársis (de todos, en plan teatro total). Elijan la que más les guste, propongan una alternativa pero, ¡por Dios!, hagan un esfuerzo por no cambiarle el nombre -por no permitir que se lo cambien.

Capitulación

Recientemente, el gobierno de Mariano Rajoy se vio obligado a reconocer públicamente su impotencia, así como el fracaso de su política económica y, con ello, también el de esa España fantasma y hueca del rimbombante “milagro español“.

Hace años que un desenlace como este era previsible. Aunque dentro y fuera de España la mayoría de analistas se fijaba en las dificultades que presentaban las cuentas públicas, algunos no hemos dejado de insistir en que el gran agujero estaba (y está) en el sistema financiero, y en que donde había que aplicar el bisturí era en el obsceno saqueo que se estaba produciendo en la banca o, mejor dicho, en la banca privada del PP, PSOE, IU, sindicatos y patronal: las cajas de ahorro.

Con la petición de auxilio, España reconoce que no puede recapitalizar la banca y, a no mucho tardar, reconocerá que tampoco podrá refinanciar su monstruosa deuda (10 veces mayor que el capital).

Ya nadie en el mundo financiaba a entidades tan insolventes, y España no era capaz tampoco de sostenerlas por más tiempo. Ahora fondos europeos prestarán dinero al Estado (FROB) y éste a su vez se encargará de perderlo opacamente, como lleva haciendo desde hace 4 años de la mano primero del PSOE y, ahora, del PP. Una operación tan artificiosa y estéril como la torsión semántica con que lo expresó Carlos Herrera: se rescata a los bancos directamente a través del FROB.

Pero, aun smarriti como estamos en una amenazadora selva scura, puede vislumbrarse algún elemento positivo: se ha evitado por unos meses el colapso, aunque al no poco oneroso precio de haber cercenado toda esperanza de recuperación a medio plazo.

Imagen 1; de las puertas del infierno de Rodin con el lema: lasciate ogni speranza

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